El torneo, con 24 selecciones, se disputó en Italia, Bulgaria, Finlandia y Rumanía y dejó, además de una nueva demostración de superioridad de Polonia, varias sorpresas destacadas. La gran revelación fue Finlandia, que consiguió la primera medalla europea de su historia.
Polonia no concede nada tras la fase de grupos
Desde el inicio quedó claro que el camino hacia el título volvería a pasar por Polonia. El equipo dirigido por Nikola Grbić debutó con un contundente 3-0 ante Portugal y tampoco cedió ningún set en el resto de sus victorias durante la fase de grupos. El único tropiezo llegó en la última jornada, cuando la anfitriona Bulgaria se impuso por 3-2 en un espectacular encuentro decidido en cinco sets.
Aquella derrota fue la única concesión del campeón. Polonia elevó todavía más su nivel en las eliminatorias y superó primero a Letonia por 3-0. Alemania tampoco tuvo opciones en los cuartos de final y cayó por idéntico marcador. Wilfredo Leon sumó 17 puntos, mientras que Polonia convirtió directamente en punto un excelente 61 por ciento de sus ataques. En semifinales llegó otro 3-0, esta vez ante Eslovenia. Hasta la final, Polonia no había cedido un solo set en ninguno de los partidos que había ganado en el torneo.
Finlandia firma la gran sorpresa del campeonato
Finlandia protagonizó la mayor sorpresa del Europeo. Ya en octavos de final necesitó cinco sets para superar a Grecia y alcanzar los cuartos, donde esperaba Italia, anfitriona, campeona del mundo y una de las principales candidatas al título.
El conjunto finlandés no se descompuso después de perder el primer set y acabó imponiéndose por 3-2. En la quinta manga, los nórdicos mantuvieron la calma para cerrar el partido con un ajustado 15-13. Francia frenó finalmente su trayectoria en semifinales con un triunfo por 3-1, pero Finlandia todavía tenía reservado un desenlace histórico. En el partido por el bronce derrotó a Eslovenia por 3-0 y conquistó así la primera medalla europea de su historia. Nooa y Luka Marttila fueron los grandes protagonistas, con 19 y 17 puntos respectivamente.
Rumanía también dejó una de las imágenes destacadas del torneo. En la fase de grupos, los anfitriones remontaron un 0-2 ante la campeona olímpica Francia para acabar ganando por 3-2. Los franceses, no obstante, ya se habían asegurado el primer puesto de su grupo. Ambos equipos volvieron a encontrarse en los cuartos de final y, esta vez, Francia se tomó la revancha con un claro 3-0.
Un primer set de máxima igualdad en la final
Ante 11.118 espectadores en un Unipol Forum completamente lleno, la final comenzó con un duelo muy equilibrado. Wilfredo Leon abrió el partido con tres saques directos consecutivos, pero Francia reaccionó. El primer set se convirtió en un auténtico pulso, con varias bolas de set para ambos equipos, antes de que Polonia acabara imponiéndose por 31-29.
Ese primer parcial dio todavía más impulso al vigente campeón. Polonia se escapó pronto hasta el 12-4 en el segundo set y apenas permitió reaccionar a Francia antes de cerrar la manga por 25-19. Los franceses respondieron en el tercero, que dominaron durante amplias fases y se adjudicaron por 25-20. Era apenas el cuarto set que Polonia perdía en todo el torneo.
En el cuarto parcial, Polonia volvió a imponer su superioridad, ganó con claridad por 25-16 y cerró así el triunfo final por 3-1.
Leon, elegido MVP del Europeo
El reparto de puntos en la final dejó claro que Polonia no dependía de un solo atacante. Bartłomiej Bołądź terminó con 16 puntos, Leon y Tomasz Fornal sumaron 13 cada uno, Bartłomiej Lemański aportó doce y Kamil Semeniuk añadió diez. Francia tuvo al máximo anotador del partido en Mathis Henno, con 20 puntos, pero no pudo igualar la amplitud de recursos ofensivos del conjunto polaco.
Leon fue elegido MVP del Europeo tras la final. Polonia se convierte así en la primera selección desde Italia, campeona en 2003 y 2005, capaz de revalidar el título continental. Para el seleccionador Nikola Grbić, además, esta fue ya su décima medalla al frente de Polonia en una gran competición internacional.