Lo que al principio parecía otro movimiento de poder controvertido del presidente de la FIFA se ha convertido ya en una cuestión de fondo. Se trata de dinero, control, cercanía a la política, gobernanza y, en última instancia, de la pregunta de a quién pertenece la Copa del Mundo. Infantino ya retiró su plan, pero el daño está hecho. Los próximos meses podrían decidir si podrá seguir dirigiendo la FIFA hasta 2031, o si la rebelión acaba convirtiéndose realmente en un cambio de poder.
De qué se trata en el fondo
El detonante de la crisis fue el proyecto “FIFA Forward Enterprise”. La FIFA quería crear una nueva filial comercial en la que se agruparía, entre otras cosas, la comercialización de la Copa del Mundo y de otras competiciones de la FIFA. Esta sociedad fue valorada en unos 20.000 millones de dólares, y hasta el 20 por ciento debía venderse a inversores externos. Según Reuters, la FIFA podría haber ingresado hasta 4.200 millones de dólares con esa operación.
Oficialmente, Infantino argumentó que el dinero se reinvertiría en el fútbol y fortalecería especialmente a las asociaciones más pequeñas. Los críticos, sin embargo, vieron en ello una ruptura histórica de límites: por primera vez, la Copa del Mundo no solo habría sido explotada comercialmente, sino convertida parcialmente en un producto de inversión. Especialmente explosivo: el principal inversor previsto era Thrive Eternal, un fondo del entorno de Joshua Kushner, hermano de Jared Kushner, el yerno del presidente estadounidense Donald Trump.
UEFA amenaza con boicot
La reacción más dura llegó desde Europa. La UEFA y sus 55 federaciones nacionales publicaron un comunicado inusualmente contundente y anunciaron que no participarían en competiciones de la FIFA mientras esos planes siguieran sobre la mesa. La frase central: la Copa del Mundo “no está en venta”.
UEFA criticó no solo el contenido del proyecto, sino sobre todo el proceso. Una iniciativa de semejante magnitud había sido preparada en secreto y llevada al borde de una decisión sin una consulta real. Para los europeos, ese es el punto decisivo: no se trata únicamente de si inversores privados pueden poner dinero en productos de la FIFA, sino de si Infantino puede pasar por encima de las grandes federaciones, ligas, clubes, jugadores y aficionados a la hora de definir el futuro del fútbol mundial.
El respaldo se resquebraja
Durante mucho tiempo, Infantino fue considerado casi intocable. Su base de poder estaba sobre todo fuera de Europa: entre federaciones pequeñas y económicamente más débiles, que dependen en gran medida de los pagos de la FIFA. Precisamente allí su proyecto habría sido presentado con la promesa de distribuciones adicionales. Según Reuters, se habló de entre 20 y 40 millones de dólares por federación si se apoyaba el modelo.
Pero esa lógica ya no funciona con tanta facilidad. Varias federaciones europeas retiraron su apoyo a la reelección de Infantino o declararon públicamente que ya no quieren respaldarlo. Inglaterra, Gales, Finlandia, Serbia, Suecia, Alemania y los Países Bajos figuran entre los críticos más visibles. Al mismo tiempo, también crece el malestar en la zona de CONCACAF. Según el Guardian, varias federaciones de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe están evaluando si retirar su apoyo.
Infantino, sin embargo, no está ni mucho menos acabado. Qatar, Marruecos, Kuwait, Líbano y Sri Lanka se pronunciaron públicamente a su favor. También desde África hubo apoyos individuales, mientras que la confederación continental CAF aún no ha fijado una línea clara. Por eso la situación sigue abierta: Infantino ha perdido respaldo, pero no necesariamente ya la mayoría.
Fisuras dentro de la FIFA
Especialmente peligroso para Infantino es que también personas del entorno de la FIFA estén marcando distancia. Según Reuters, el secretario general Mattias Grafström escribió en un mensaje interno a los empleados sobre una secuencia de acontecimientos “triste y reprochable”, sin mencionar directamente a Infantino. Arsène Wenger declaró públicamente que no había estado involucrado en el proyecto y que se enteró por los medios. La decisión de retirar el proyecto, dijo, había sido “absolutamente necesaria”.
A eso se suma la acusación de Ali bin Hussein, presidente de la federación jordana. Habló públicamente de “chantaje” y afirmó que la ayuda de la FIFA había sido vinculada al apoyo a Infantino. La FIFA fue consultada al respecto, pero la acusación muestra hasta qué punto el ambiente se ha vuelto tóxico.
El factor Trump añade tensión
Otro frente tiene que ver con la cercanía de Infantino a Donald Trump. Informes del New York Post y de The Times sugirieron que Infantino intentó conseguir apoyo del entorno de Trump tras el fracaso de su plan. La FIFA lo negó tajantemente y calificó esos reportes como completamente inventados. El Departamento de Estado estadounidense también declaró que no había ninguna llamada prevista con el secretario de Estado Marco Rubio.
Aun así, el contexto político sigue siendo problemático. Infantino mantuvo una relación estrecha con Trump durante el Mundial 2026, y ya antes había habido críticas por la suspensión levantada al jugador estadounidense Folarin Balogun. Para muchos críticos, esto refuerza la impresión de que las decisiones de la FIFA están demasiado influidas por relaciones políticas y redes personales.
¿Quiénes podrían enfrentarse a él?
Los actores más importantes en este momento son el presidente de la UEFA, Aleksander Čeferin, el jefe de CONCACAF, Victor Montagliani, el presidente de la AFC, Sheikh Salman, varias federaciones europeas y posibles figuras reformistas como Nasser Al-Khelaïfi o Lise Klaveness. Montagliani es considerado un nombre especialmente interesante porque procede de la CONCACAF y, por tanto, no sería visto como un candidato puramente europeo. Eso sería importante si realmente se quiere reemplazar a Infantino.
Una rebelión únicamente europea difícilmente sería suficiente. La FIFA tiene 211 federaciones miembro y la elección es global. Quien quiera derrotar a Infantino necesita una coalición formada por Europa, partes de Asia, Norteamérica y Centroamérica, Oceanía y al menos un bloque relevante de África.
¿Cómo puede terminar la crisis?
Hay varios escenarios. El más suave sería la retirada completa del modelo de inversión, garantías escritas contra estructuras similares y una reforma de gobernanza creíble. Infantino podría entonces seguir en el cargo, aunque debilitado.
El segundo escenario sería un relevo políticamente organizado en la elección de la FIFA en marzo de 2027. Los nuevos candidatos deben ser nominados antes de noviembre. Si la oposición logra construir una figura unificada, la reelección de Infantino quedaría seriamente en duda por primera vez.
El tercer escenario sería la escalada: acciones legales de la UEFA, más federaciones retirando su apoyo y, en el caso extremo, amenazas de boicot contra competiciones de la FIFA o modelos alternativos de torneos. Eso sería arriesgado para todas las partes, pero ya no parece completamente impensable.
El punto más importante: Infantino retiró el plan, pero con eso no recuperó automáticamente la confianza. La pregunta ahora ya no es solo si “FIFA Forward Enterprise” está muerto. La pregunta es si Gianni Infantino sigue siendo políticamente lo bastante fuerte como para continuar como presidente después de esta crisis.