Los problemas van mucho más allá de los errores individuales. El sistema preferido del entrenador Stephan Helm encaja cada vez peor con las características de su plantilla, los mecanismos ofensivos que antes funcionaban han perdido eficacia y el equipo se desorganiza sistemáticamente después de encajar un golpe. La planificación deportiva del director deportivo Tomas Zorn también está recibiendo cada vez más críticas.
Otra ventaja desperdiciada y otro hundimiento
Al igual que en la derrota por 3-2 ante el Ried, el Austria volvió a dejar escapar una ventaja frente al Altach. Johannes Eggestein adelantó a los visitantes en el minuto 40, pero un lanzamiento de falta directo de Patrick Greil (70′) y un gol de Yann Massombo tras una asistencia de Lukas Jäger (80′) dieron la vuelta al marcador.
La reacción del Austria después del empate resultó especialmente preocupante. Los vieneses perdieron progresivamente su solidez defensiva, mientras que el Altach comenzó a atacar con mayor determinación. El gol de la victoria llegó por la banda derecha de los locales, donde Jäger dispuso de demasiado espacio para encontrar a Massombo.
Las estadísticas tampoco reflejaron una superioridad del Austria. Aunque los visitantes tuvieron un 55 % de posesión, el Altach realizó 15 remates frente a los once del conjunto vienés. La diferencia fue todavía más evidente en los disparos a puerta: siete de los locales por solo tres de los visitantes.
Los goles esperados, con 1,07 xG para el Austria y 0,88 para el Altach, reflejan un encuentro relativamente equilibrado. Sin embargo, los violetas fueron incapaces de transformar su posesión en ocasiones peligrosas con suficiente regularidad. Acabar encajando el gol decisivo en un partido cuyo desarrollo apuntaba, como mínimo, a un empate resume perfectamente la dinámica negativa en la que se encuentra atrapado el equipo.
La defensa de cinco empieza a ser un problema
Uno de los principales focos de crítica es el 3-4-3 o 3-4-2-1 habitual de Helm, que se transforma en una línea de cinco defensores cuando el equipo no tiene el balón.
En Altach, Reinhold Ranftl, Johannes Handl e Ibrahim Buhari formaron la defensa de tres, mientras que Daniel Nnodim y Taeseok Lee ocuparon los carriles. Por delante, los centrocampistas debían encargarse tanto de organizar la salida de balón como de proporcionar cobertura defensiva.
El sistema funcionó considerablemente mejor durante la temporada pasada. Sin embargo, con los futbolistas disponibles actualmente, sus debilidades resultan cada vez más evidentes.
El centro de la defensa constituye uno de los mayores problemas. Aleksandar Dragović y Philipp Wiesinger siguen de baja, mientras que Ranftl debe actuar en una posición que limita sus cualidades ofensivas. Handl y Buhari no han conseguido compensar la falta de estabilidad y están cometiendo demasiados errores.
Otra dificultad importante está relacionada con las distancias entre líneas. Cuando los carrileros permanecen retrasados, al Austria le faltan opciones de pase en posiciones avanzadas. Cuando se incorporan al ataque de manera agresiva, los tres centrales deben cubrir espacios mucho más amplios.
El partido en casa contra el Sturm Graz ya demostró que una defensa de cuatro podría ofrecer una alternativa. Después de pasar a jugar con cuatro defensores, el Austria aumentó considerablemente su presión ofensiva. El capitán Manfred Fischer incluso describió el cambio como algo refrescante. Pese a ello, Helm recuperó su estructura habitual en Altach.
Los mecanismos ofensivos ya no encajan con la plantilla
En ataque tampoco se aprecia una adaptación convincente a las características de los futbolistas disponibles.
Durante la exitosa campaña anterior, el Austria obtuvo muy buenos resultados mediante el juego por las bandas y los pases directos al espacio. Jugadores como Dominik Fitz, Maurice Malone y Nik Prelec fueron protagonistas de distintas etapas de aquel funcionamiento ofensivo.
Con una plantilla considerablemente modificada, esos mecanismos no pueden reproducirse de la misma manera. Eggestein trabaja mucho para el equipo, pero no es un delantero que destaque por atacar continuamente la espalda de los defensores para aprovechar envíos largos.
Julian Hettwer dispone de velocidad, aunque necesita espacios y pases adecuados para explotarla. Al mismo tiempo, Fischer debe asumir repetidamente tareas creativas en zonas centrales, pese a que sus principales virtudes están en el desmarque, la presión tras pérdida y la ocupación de espacios peligrosos.
El resultado es un ataque en el que los futbolistas apenas pueden aprovechar plenamente sus mejores cualidades. Con demasiada frecuencia falta una conexión eficaz entre la construcción del juego y la última línea ofensiva.
Entre los aficionados y los observadores crecen las dudas sobre si el Austria realmente dispone de los jugadores necesarios para desarrollar el sistema preferido de Helm. La crítica apunta a una cuestión fundamental: el sistema táctico debe adaptarse a las características de los futbolistas disponibles, y no al revés.
Las jugadas a balón parado y la inseguridad agravan la crisis
A estos problemas se suman las dificultades en las acciones a balón parado y los errores de posicionamiento defensivo.
El lanzamiento de falta de Greil que supuso el 1-1 fue extraordinario y prácticamente imposible de detener. Por tanto, ese gol aislado no permite sacar conclusiones sobre la calidad defensiva del Austria.
Lo verdaderamente preocupante fue lo que ocurrió después. Los visitantes perdieron seguridad, defendieron con menos contundencia y permitieron que el Altach generara nuevas situaciones de peligro.
Este tipo de reacciones se ha convertido en un patrón recurrente. Después de encajar un gol, el equipo parece perder confianza, toma peores decisiones y abandona el orden que había mantenido hasta ese momento.
Manfred Fischer apenas encontró palabras tras el encuentro. El capitán reconoció que al Austria le está costando muchísimo ganar partidos. Habló de grandes interrogantes y mostró comprensión hacia los aficionados desplazados, que dieron simbólicamente la espalda al equipo después del pitido final.
Helm también reconoció el problema. Su equipo está desaprovechando repetidamente sus propios esfuerzos al conceder goles relativamente fáciles. Aun así, el entrenador insistió en la necesidad de mantener la cabeza fría en una situación tan complicada.
La responsabilidad no recae únicamente en Helm
La crisis deportiva también plantea serias dudas sobre la planificación de la plantilla.
Futbolistas como Hettwer, Müller y Buhari llegaron durante el verano con la intención de reforzar el equipo. Hasta ahora, solo han cumplido parcialmente las expectativas. Al mismo tiempo, faltan experiencia, fiabilidad defensiva y creatividad en el último tercio del campo.
El director deportivo Tomas Zorn, sin embargo, sigue considerando que la plantilla tiene calidad suficiente para clasificarse al grupo por el título. También ha señalado las bajas por lesión y la necesidad de desarrollar a los jugadores jóvenes.
Estos argumentos explican parte de las dificultades, pero no justifican adecuadamente lo sucedido durante la temporada. Siete derrotas en diez jornadas son inadmisibles para un club con las aspiraciones del Austria.
Por ello, los responsables deportivos deben revisar críticamente tanto el planteamiento táctico como la confección de la plantilla.
La Copa y el derbi pueden decidir el futuro de Helm
La situación de Stephan Helm es cada vez más delicada. Zorn respaldó públicamente a su entrenador antes de la derrota en Altach, pero está por ver si ese apoyo se mantendrá después de otro resultado negativo.
El calendario apenas deja margen para trabajar con tranquilidad en las soluciones. El martes, el Austria recibirá al TSV Hartberg en los octavos de final de la Copa de Austria. El domingo siguiente llegará el derbi de Viena frente al líder de la Bundesliga, el SK Rapid.
Ya no bastará con mejorar ligeramente algunos indicadores estadísticos. Helm necesita construir un equipo cuyo estilo de juego se adapte a las características de sus futbolistas y que sea capaz de mantener su organización incluso después de sufrir contratiempos.
Si no lo consigue, el Austria corre el riesgo de ver cómo sus objetivos deportivos se alejan definitivamente antes del parón invernal. Y entonces resultará prácticamente imposible seguir aplazando una decisión sobre el futuro del entrenador.