La extraordinaria calidad combinativa del Liverpool y las dificultades del LASK para defender los espacios entre líneas resultaron decisivas en un partido que, pese a sus nueve goles, fue muy desigual durante largos periodos.
Por qué no funcionó el planteamiento del LASK
El entrenador del LASK, Dietmar Kühbauer, apostó por su habitual sistema 5-3-2 ante el conjunto inglés. Con tres centrales y dos carrileros de perfil defensivo, el objetivo era reducir al máximo los espacios cerca de su propia portería. Christoph Lang y Samuel Adeniran formaron la pareja de delanteros.
El Liverpool de Andoni Iraola salió con un 4-2-3-1, en el que Florian Wirtz, Bradley Barcola y Rio Ngumoha intercambiaban constantemente sus posiciones en la línea de mediapuntas. Por detrás, Ryan Gravenberch y el joven Trey Nyoni ofrecían seguridad y claridad en la salida de balón.
Precisamente esa movilidad planteó enormes dificultades al LASK desde los primeros minutos. Aunque el equipo local comenzó defendiendo con las líneas juntas, apenas consiguió frenar las combinaciones de los visitantes. Wirtz encontró espacios con especial facilidad entre el centro del campo y la defensa, mientras que los continuos intercambios de posición y los desmarques de ruptura complicaron las marcas de los jugadores austriacos.
Cuando recuperaba la posesión, el LASK tampoco encontraba suficientes líneas de pase. Los locales se veían obligados con frecuencia a recurrir demasiado pronto al balón largo, lo que permitía al Liverpool recuperar rápidamente la pelota y lanzar nuevos ataques.
La diferencia entre ambos equipos quedó reflejada en las estadísticas: el Liverpool realizó 19 remates solo en la primera mitad, un récord de la Champions League para un equipo visitante.
Dos goles en 96 segundos cambian el partido
El encuentro, sin embargo, no había comenzado sin motivos para la esperanza del LASK. Kasper Jørgensen dispuso de una ocasión interesante a los ocho minutos, pero su remate se marchó demasiado alto. Poco después, Lukas Jungwirth evitó el gol de Wirtz en la portería contraria.
El primer tanto llegó finalmente a balón parado. Ronald Araújo se impuso en el juego aéreo tras un córner lanzado por Kostas Tsimikas y adelantó al Liverpool en el minuto 22.
Solo 96 segundos después llegó otro golpe para los austriacos. Tras una combinación por la banda derecha, Barcola recibió en posición de remate y definió con precisión hacia el palo largo.
El doble golpe no solo afectó a la confianza del LASK, sino que también obligó a los locales a abandonar progresivamente su planteamiento inicial, mucho más conservador.
Esa situación favoreció todavía más al Liverpool. Gravenberch estrelló un remate en la madera y a Lewis Koumas le anularon un gol por fuera de juego. En el minuto 37, Barcola aprovechó un pase preciso de Wirtz para establecer el 0-3.
El juego por las bandas, una de las claves del Liverpool
Además del excelente posicionamiento en las zonas interiores, los laterales ofensivos desempeñaron un papel fundamental en la superioridad del Liverpool.
Tsimikas y Jeremie Frimpong se incorporaron constantemente al ataque y generaron numerosos problemas al LASK con sus llegadas hasta la línea de fondo. Los ingleses resultaban especialmente peligrosos cuando culminaban esas acciones con pases rasos hacia atrás, buscando a sus compañeros dentro del área.
De esta manera, el Liverpool consiguió desorganizar repetidamente la defensa de cinco hombres del conjunto austriaco. Cuando uno de los defensores tenía que desplazarse hacia una banda, aparecían espacios en el centro o en el segundo palo para los atacantes que llegaban desde atrás.
Este patrón volvió a repetirse después del descanso. En el minuto 51, Frimpong, que mide apenas 1,72 metros, remató de cabeza un centro de Tsimikas para convertir el 0-4.
Más tarde, el neerlandés asistió con un pase raso a Barcola para que completara su triplete en el minuto 66. Koumas también aprovechó una asistencia de Frimpong para anotar el 1-6 en el minuto 72.
El Liverpool terminó el partido con 26 remates y un valor de goles esperados (xG) de 3,34. Haber convertido esas oportunidades en seis goles demuestra la enorme eficacia de los visitantes aquella noche.
Los tres goles del LASK también dejaron al descubierto las debilidades inglesas
A pesar de la enorme desventaja, el LASK no bajó los brazos. Kühbauer dio entrada a Florian Flecker por Jørgensen durante el descanso y posteriormente realizó nuevas sustituciones de carácter ofensivo.
En el minuto 63, Robert Ljubicic, que acababa de incorporarse al terreno de juego, marcó el primer gol del conjunto de Linz tras una asistencia de Yvan Dibango.
El Liverpool respondió rápidamente con el tercer tanto de Barcola y el gol de Koumas, pero después también mostró importantes debilidades defensivas.
Flecker recortó distancias con un cabezazo en el minuto 74 y, apenas tres minutos más tarde, firmó el definitivo 3-6 con un magnífico remate de primeras. Las dos asistencias volvieron a llevar la firma de Dibango, que participó como último pasador en los tres goles del LASK.
Resultó llamativo que el Liverpool perdiera progresivamente su organización defensiva después de varios cambios. Iraola había sustituido simultáneamente a sus dos centrales titulares, Araújo y Jérémy Jacquet, en el minuto 62, dando entrada a Virgil van Dijk y Joe Gomez.
La nueva pareja defensiva no encontró de inmediato los automatismos necesarios. Además, la vocación ofensiva de Frimpong comenzó a convertirse en un problema, ya que Dibango encontró repetidamente espacios a su espalda.
El LASK generó oportunidades por un valor de 2,02 goles esperados. Por tanto, sus tres tantos no fueron simplemente producto de remates afortunados, sino también consecuencia de una mejora real de su juego ofensivo y de una pérdida de contundencia defensiva por parte del Liverpool.
Kühbauer reconoce la diferencia de calidad
Después del pitido final, Kühbauer se mostró autocrítico a pesar de los tres goles de su equipo. «El Liverpool está por encima de nosotros y eso se ha visto», reconoció el entrenador del LASK.
Su equipo debería haber defendido con las líneas más juntas, reaccionado con mayor rapidez y aprovechado mejor las pocas oportunidades de las que dispuso. Sobre todo, la velocidad con la que el Liverpool interpretaba las situaciones y encontraba soluciones marcó una diferencia considerable.
«Hay que pensar todavía más rápido», fue una de sus principales conclusiones. El técnico también consideró el encuentro una experiencia de aprendizaje importante para su plantilla.
Iraola, por su parte, elogió la actuación ofensiva del Liverpool, especialmente la ocupación de los espacios entre líneas y los desmarques a la espalda de la defensa del LASK. Se mostró particularmente satisfecho con Barcola y Wirtz, que tuvieron una influencia decisiva después de varias semanas complicadas.
Sin embargo, los tres goles encajados molestaron al entrenador español. Iraola admitió que sustituir simultáneamente a los dos centrales había generado problemas desde el punto de vista deportivo, aunque su intención era dosificar a varios titulares importantes ante un calendario muy exigente.
Una reacción ofensiva positiva que no oculta la clara derrota
El 3-6 mostró, en definitiva, dos caras muy diferentes del LASK. Por un lado, los austriacos fueron claramente superados durante buena parte del encuentro por la velocidad, los movimientos y la precisión técnica del Liverpool. Por otro, demostraron carácter después del descanso y encontraron maneras de poner bajo presión a la defensa de uno de los grandes equipos europeos.
Los nueve goles convirtieron la noche en un espectáculo para los aficionados, pero no pueden ocultar la considerable diferencia de calidad entre ambos conjuntos. El Liverpool fue muy superior durante largos tramos y podría haber llegado al descanso con una ventaja todavía mayor.
Para el LASK, las dos derrotas en sus dos primeros compromisos de Champions League dejan una enseñanza importante: frente a rivales de semejante nivel, no basta con la entrega y el esfuerzo. También es imprescindible mantener la precisión táctica durante los 90 minutos.
La próxima semana llegará otro desafío complicado, esta vez frente al Sporting de Lisboa.