El Chelsea actuó con una defensa de tres muy flexible, recurrió a constantes intercambios de posición y concedió mucha libertad de movimientos a sus jugadores ofensivos. Destacaron especialmente los roles de Cole Palmer y Morgan Rogers, así como las incorporaciones al ataque desde la línea defensiva. El triunfo ante el Fulham dejó, por tanto, varias señales interesantes sobre la evolución táctica que Alonso pretende introducir en los Blues.
El nuevo tridente responde de inmediato
El Chelsea tuvo un comienzo perfecto en el derbi del oeste de Londres. Apenas habían transcurrido 31 segundos cuando Cole Palmer encontró el desmarque de João Pedro con un magnífico pase al espacio y el brasileño superó a Bernd Leno para abrir el marcador. Josh King empató para el Fulham, pero el recién llegado Morgan Rogers devolvió la ventaja al Chelsea antes del descanso.
Poco después de la reanudación, Palmer firmó el 3-1 tras una asistencia de João Pedro. Gonzalo García volvió a acercar al Fulham, aunque el Chelsea consiguió conservar su ventaja hasta el final.
Los tres jugadores ofensivos del 3-4-3 de Alonso —João Pedro, Rogers y Palmer— marcaron. Una circunstancia que resumió bien un encuentro en el que las nuevas ideas ofensivas del Chelsea ya fueron claramente reconocibles.
La defensa de tres es solo el punto de partida
Tras experimentar con una línea de cuatro y estructuras híbridas durante los primeros partidos de la pretemporada, Alonso fue apostando cada vez más por la organización que tantos éxitos le dio en el Bayer Leverkusen. Ante el Fulham, Josh Acheampong, Maxence Lacroix y Levi Colwill formaron la defensa de tres, mientras que Malo Gusto y Jorrel Hato ocuparon las bandas. Reece James y Romeo Lavia actuaron en el centro del campo.
Quien asociara la defensa de tres con un planteamiento conservador tardó muy poco en comprobar lo contrario. El 3-4-3 del Chelsea fue extremadamente dinámico con balón: los futbolistas abandonaban constantemente sus posiciones iniciales y otros compañeros ocupaban los espacios liberados. Como consecuencia, la estructura cambiaba continuamente.
Uno de los aspectos más llamativos fue la agresividad con la que los centrales se incorporaron al ataque. Lacroix no se limitó a organizar la salida de balón desde el eje de la defensa. En el 2-1 llegó hasta el área rival, superó a su marcador y alcanzó la línea de fondo para asistir a Rogers.
Acheampong también avanzó en numerosas ocasiones por el costado derecho. De este modo, el Chelsea pudo sumar más jugadores en zonas ofensivas sin perder por completo la estructura que debía protegerle ante una posible pérdida.
Palmer gana libertad y protagonismo
Probablemente una de las decisiones tácticas más importantes de Alonso tenga que ver con Cole Palmer. El internacional inglés partió nominalmente junto a Rogers por detrás de João Pedro, pero apenas estuvo condicionado por una posición fija.
Palmer bajó hasta el centro del campo, apareció en el medio espacio derecho y también se movió por zonas centrales entre líneas. Lo importante fue la reacción de sus compañeros. Cuando Palmer abandonaba su posición inicial, otro jugador ocupaba el espacio que había dejado libre.
Ese rol permitió al futbolista de 24 años disponer de la libertad necesaria para explotar sus principales virtudes. Palmer pudo recibir de cara a la portería, encarar a sus rivales o encontrar a un compañero con su primer contacto. La asistencia del 1-0 fue el mejor ejemplo: antes incluso de recibir el balón, ya había detectado el desmarque de João Pedro y habilitó inmediatamente al delantero.
Palmer también tuvo un papel importante en el segundo gol, avanzando con el balón antes de la incorporación ofensiva de Lacroix. En el 3-1 fue él mismo quien culminó la jugada.
Rogers aporta velocidad y profundidad
Morgan Rogers interpretó el papel del otro lado de una manera diferente. El nuevo fichaje no es tanto un mediapunta clásico que vive entre líneas como un atacante dinámico capaz de arrancar desde una posición abierta, desplazarse hacia dentro y atacar a la defensa rival con velocidad.
Alonso intentó explotar precisamente esas cualidades frente al Fulham. Rogers comenzó muchas acciones abierto en el costado izquierdo antes de aparecer por zonas interiores. Sus movimientos liberaron espacio para las incorporaciones de Hato por fuera.
Con Palmer en un lado y Rogers en el otro, el Chelsea desarrolló movimientos diferentes en cada sector. El equipo no ocupó los espacios de forma simétrica, sino que adaptó las funciones a las características de cada futbolista.
También destacó el trabajo de los atacantes sin balón. Rogers participó junto a Palmer y João Pedro en la presión alta, tratando de dificultar la salida del Fulham y provocar recuperaciones cerca del área rival.
Reece James da equilibrio al sistema
Reece James desempeñó un papel fundamental para mantener unido un sistema tan móvil. Habitualmente lateral derecho, esta vez actuó por dentro junto a Lavia y fue adaptando su posición a los movimientos de sus compañeros.
Cuando los centrales o los jugadores de banda avanzaban, James retrasaba su posición y protegía los espacios que quedaban a su espalda. De esta forma, el Chelsea pudo realizar numerosas rotaciones ofensivas sin quedarse completamente desprotegido tras una pérdida.
Ese equilibrio es esencial en la idea de Alonso. Su equipo quiere atacar con muchos jugadores y generar superioridades, pero al mismo tiempo debe evitar quedar demasiado expuesto cuando pierde la pelota. Por eso futbolistas inteligentes tácticamente y polivalentes como James tienen especial importancia en este sistema.
El Chelsea también mostró variedad en la salida de balón. Combinó secuencias de pases cortos con envíos más directos hacia posiciones ofensivas. João Pedro fue uno de los principales destinatarios de esos balones largos: el brasileño retrocedía para protegerlos o prolongarlos y permitir que Palmer y Rogers atacaran las segundas jugadas.
La presión de Alonso todavía necesita ajustes
La mano de Alonso también fue visible sin balón. El Chelsea presionó en campo rival durante varias fases y trató de aprovechar las grandes distancias que aparecían entre los jugadores del Fulham. Los Blues aumentaron especialmente la intensidad al comienzo de ambas partes, dejando bastante clara la intención del técnico en la fase defensiva.
Sin embargo, el sistema todavía presentó problemas. El Fulham consiguió superar la presión del Chelsea en varias ocasiones y tuvo espacios para atacar una línea defensiva situada muy arriba. Después del 3-1, los visitantes también perdieron parte del control del encuentro y permitieron que su rival volviera a entrar en el partido.
A ello se sumaron errores individuales. El guardameta Robert Sánchez pudo hacer más en el primer gol y rechazó otro disparo hacia una zona peligrosa antes del segundo tanto del Fulham. Gusto y Hato también mostraron margen de mejora en las posiciones de carrilero.
El 3-2 estuvo, por tanto, lejos de ser una actuación completamente controlada. Para Alonso, sin embargo, probablemente sea más importante que su huella ya resultara reconocible en su primer encuentro oficial. El Chelsea utilizó una defensa de tres sin adoptar un planteamiento defensivo, intercambió posiciones constantemente e intentó aprovechar al máximo las cualidades individuales de sus principales atacantes. Palmer, sobre todo, parece preparado para beneficiarse de esa mayor libertad.
Todavía necesitará tiempo para que todas las ideas de Alonso funcionen con precisión. En el Bayer Leverkusen, sin embargo, el técnico español ya demostró su capacidad para perfeccionar un sistema complejo hasta el último detalle. Si consigue repetir ese proceso en Londres, el Chelsea no solo podría mejorar sus resultados respecto a las últimas temporadas, sino convertirse también en un equipo mucho más atractivo y entretenido de ver.